La idea inicial: una sola Raspberry con dos salidas
Mi primera intuición fue:“Una Raspberry Pi 5 tiene potencia y dos salidas de vídeo. Perfecto: una salida para la pantalla táctil y otra para la pantalla grande.”
Sobre el papel era ideal, pero en la práctica se convirtió en un problema: conseguir que las dos salidas funcionaran de forma coherente en modo kiosco (y que se mantuvieran estables) fue bastante complejo. La teoría decía una cosa; el comportamiento real del sistema, otra. Y las soluciones “genéricas” no estaban pensadas para un entorno de exposición.
Segunda lección: reproducir vídeo desde una web no es fiable
La siguiente aproximación fue hacerlo “simple”: una web que lista vídeos y los reproduce.Pero ahí apareció el segundo problema serio: la reproducción dentro del navegador no era efectiva.
Tirones, cargas irregulares, comportamientos distintos según el formato, y un detalle clave: en un entorno museístico no puedes permitirte que el vídeo vaya a trompicones o que la reproducción dependa del “humor” del navegador.
Lo arreglamos con un enfoque más sólido: en vez de reproducir en web, reproducir con un reproductor real (VLC/MPV). Es decir: interfaz web para seleccionar, pero reproducción con un motor diseñado para reproducir bien.
Tercer intento: ¿y si usamos un gestor multimedia?
Entonces pensé: “Vale. ¿Y si en vez de inventar, usamos un gestor multimedia?”Probamos primero Plex. Pero Plex, incluso aunque parezca “local”, tiene un punto crítico: te empuja a registro/online y a un modelo que no encaja con un museo o una exposición donde la infraestructura tiene que ser autónoma, controlada y sin dependencias externas. Lo descartamos.
Después llegó Jellyfin, que sí permite un enfoque local y tiene cosas muy buenas:
- se puede usar en red local,
- puedes “limpiar” interfaz con CSS,
- y en teoría puedes reproducir en otro dispositivo.
si el dispositivo remoto (la pantalla grande) pierde la conexión o no está listo en el momento exacto, hay que volver a seleccionar el destino de reproducción. Es decir: no es determinista. Y en museografía, lo determinista es clave.
Probamos también Kodi como cliente. Mejoraba algunas cosas, pero seguíamos con el mismo tipo de duda: si se desconfigura, si no conecta a tiempo, si el orden de arranque cambia… la experiencia puede romperse. Y si un recurso museístico requiere “manos técnicas” cada vez que algo no conecta, entonces no es un recurso museístico: es un experimento.
Así que, aunque llegamos a hacerlo funcionar, tomamos una decisión:
si queremos un recurso de verdad, hay que hacerlo desde cero.
Lo que hemos hecho ahora (la solución definitiva)
Construimos Ágora Digital como un sistema cerrado de dos equipos, con responsabilidades separadas y sin dependencias externas.Pi 2: el corazón del sistema
La Pi 2 es el núcleo:- guarda los vídeos en un USB/disco externo
-
guarda el
videos.json(catálogo) - reproduce los vídeos con un reproductor real (no navegador)
- y además crea su propia red Wi-Fi para que todo sea autónomo
Pi 1: el punto táctil de control
La Pi 1 es la interfaz de sala:- pantalla táctil
- lista de contenidos con miniatura, título, texto y duración
- al tocar un vídeo, envía la orden a la Pi 2
Solo hace lo que debe hacer: mostrar y controlar.
Pantalla grande: solo contenido
La pantalla grande conectada a la Pi 2:- no muestra menús
- no muestra usuarios
- no muestra controles
- no muestra “una app”
- solo muestra el vídeo o una pantalla de espera institucional
Por qué esta arquitectura sí encaja en museo
Ágora Digital, tal y como está ahora, cumple lo que en un museo importa de verdad:- Estabilidad: no depende de una app de terceros, ni de cookies, ni de destinos de reproducción volátiles.
- Local y autónomo: funciona sin internet y sin red del edificio.
- Mantenimiento sencillo: añadir un vídeo es añadir archivo + miniatura + entrada en JSON.
- Experiencia limpia: el público no puede “tocar donde no debe”.
- Escalabilidad: puedes cambiar la pantalla grande, duplicar puntos táctiles o adaptar catálogos.
Un recurso pequeño con mucha potencia museográfica
Al final, Ágora Digital no es “una Raspberry con vídeos”.Es un recurso de mediación audiovisual con lógica museística:
- un catálogo pensado para visitantes
- una reproducción robusta
- un sistema autónomo
- y un diseño que prioriza el contenido