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De Gredos a Montreal: el universo de Emilio Herrera se descubre con la mirada

casos reales, herramientas, automatización y proyectos donde usamos inteligencia artificial para crear contenidos, optimizar procesos y desarrollar soluciones útiles.

De Gredos a Montreal: el universo de Emilio Herrera se descubre con la mirada

casos reales, herramientas, automatización y proyectos donde usamos inteligencia artificial para crear contenidos, optimizar procesos y desarrollar soluciones útiles.
De Gredos a Montreal: el universo de Emilio Herrera se descubre con la mirada

Así he desarrollado las siete experiencias de realidad aumentada y virtual que permiten explorar el legado de Emilio Herrera en el museo de la OACI, sin mandos y al ritmo de cada visitante.

Ponerse unas gafas, mirar y comenzar a explorar. Esa era la idea; conseguir que resultara así de sencillo ha sido el verdadero trabajo. Desde la Sierra de Gredos hasta Montreal, he desarrollado una aplicación para Meta Quest 3 que reúne seis experiencias de realidad aumentada y un tour virtual. Estos días, al ver al público descubrirlas en el museo de la OACI, he podido comprobar cómo las decisiones tomadas durante el desarrollo se transforman en curiosidad, sorpresa y ganas de seguir mirando.

Ponerse las gafas y empezar a descubrir

Hay un momento que compensa muchas horas de desarrollo: alguien se pone las gafas por primera vez, descubre lo que tiene delante y empieza a moverse para verlo mejor. Levanta la cabeza, se acerca, se asoma. Y yo, que conozco cada detalle de la aplicación, termino mirando su reacción.

Estos días en Montreal he vivido ese momento muchas veces. La presentación de la exposición de Emilio Herrera reunió a 193 personas de distintos países. Muchos asistentes probaron las experiencias y otros visitantes han seguido haciéndolo durante las jornadas posteriores.

Para mí, era una prueba especialmente importante: comprobar cómo respondían personas que llegaban sin conocer la aplicación y, en muchos casos, sin haberse puesto nunca unas gafas de realidad virtual.

Una visita que se controla con la mirada

Una de las decisiones principales del proyecto fue simplificar la interacción. En un museo con público internacional, el visitante debe poder concentrarse en lo que está descubriendo y comprender con facilidad cómo continuar.

La bienvenida audiovisual ofrece instrucciones en español, inglés y francés. Después aparecen las tarjetas de las siete experiencias. Para seleccionar una, basta con dirigir la mirada hacia ella y mantenerla unos segundos, mientras un círculo muestra el progreso.

Toda la navegación se realiza con la mirada, orientando la cabeza hacia la opción elegida. No hace falta sostener mandos, aprender botones ni realizar gestos con las manos.

Algunos visitantes buscaban inicialmente el mando porque daban por hecho que lo necesitarían. Esa reacción me confirmó que también había que cuidar cómo se presenta la instalación. Los mandos se han retirado del uso público para que la forma de participar resulte más clara desde el comienzo.

Así se ve la experiencia desde las gafas

Este vídeo permite acercarse a la experiencia desde el punto de vista de quien se pone las gafas. Es una demostración de la aplicación que he desarrollado para el museo de la OACI y una forma de compartir en el blog cómo se ve desde dentro.

Vista desde las Meta Quest 3: demostración de la aplicación que he desarrollado para la exposición de Emilio Herrera en el museo de la OACI, en Montreal.

Seis experiencias de realidad aumentada y un tour virtual

La aplicación, desarrollada para Meta Quest 3, reúne siete propuestas con contenidos en español e inglés. Seis utilizan realidad aumentada: el visitante sigue viendo la sala a través de las cámaras de las gafas y encuentra los objetos digitales integrados en ese espacio. Puede caminar, cambiar de perspectiva y acercarse para observarlos.

  • Cohete y globo: ambos modelos comparten el espacio y permiten contemplarlos juntos.
  • Globo: una experiencia para detenerse en la cesta, las cuerdas y la escafandra.
  • Cohete: un recorrido por su estructura y por detalles como el motor o el interior de la cápsula.
  • Escafandra: una oportunidad para observar su recreación tridimensional desde diferentes ángulos.
  • Despiece de la escafandra: una forma de explorar sus componentes y comprender cómo se relacionan.
  • Del cielo al espacio: una galería en la que el visitante puede desplazarse y acercarse a los cuadros.

La séptima propuesta, Flying Lovers, es un tour virtual compuesto por 39 panoramas de 360 grados. Aquí cambia la experiencia: el visitante pasa de observar elementos digitales dentro del museo a encontrarse rodeado por otro entorno.

Quince metros de altura y pequeños detalles que sorprenden

Contemplar el cohete o el globo a una escala de 15 metros provoca una reacción inmediata: levantar la cabeza. Su tamaño cambia la relación con el objeto y despierta las ganas de observarlo desde otro lugar.

He visto a personas caminar alrededor de los modelos, acercarse a una pieza concreta o detenerse para mirar hacia arriba. Entre los visitantes italianos hubo grupos que acompañaban sus descubrimientos con exclamaciones de sorpresa. Escucharlos mientras recorrían la sala ha sido una de esas recompensas que no aparecen en ninguna lista de tareas del desarrollo.

Pero también me ha gustado comprobar cuánto cuentan los detalles pequeños. Al elegir una experiencia, las demás tarjetas del menú caen al suelo. Dentro de la cápsula aparece el traje de Emilio Herrera sentado. El motor del cohete invita a acercarse y examinarlo.

Son detalles que el visitante descubre por su cuenta y que le animan a seguir explorando. He dedicado mucha atención a esos momentos, porque una experiencia necesita mantener el interés después de la primera sorpresa.

Acercarse a un cuadro o asomarse a una vista aérea

En Del cielo al espacio, cada persona decide dónde detenerse, cuánto acercarse a las obras y cuánto tiempo dedicarles. Algunos visitantes recorren la galería; otros prefieren observar desde una posición fija. Esa libertad forma parte de la propuesta.

En Flying Lovers, la primera panorámica, captada desde un dron, ofrece una perspectiva aérea. Desde fuera resulta curioso observar la reacción: alguien entra en el tour y, casi de inmediato, inclina la cabeza para mirar hacia abajo.

La fotografía se convierte en un entorno que se descubre mirando en todas las direcciones. Ese gesto tan sencillo demuestra hasta qué punto cambia nuestra manera de observar cuando la imagen nos rodea.

El trabajo detrás de una experiencia sencilla

Conseguir que alguien se ponga las gafas y empiece a explorar ha requerido integrar modelos tridimensionales, fotografías, panoramas, voces, vídeos e interacción en una aplicación desarrollada con Unity.

He tenido que ajustar la escala y la posición de los objetos, preparar los modelos para su funcionamiento en las gafas, orientar el menú, resolver las transiciones y probar una y otra vez el recorrido completo. También trabajar en cómo empieza la visita, cómo se cambia de experiencia y qué ocurre cuando las condiciones del espacio varían.

La inteligencia artificial ha formado parte de ese proceso. He utilizado ChatGPT para imágenes y tarjetas, ElevenLabs para voces y doblajes, Higgsfield para el vídeo de entrada y Codex como apoyo a la programación y a la revisión del software.

Mi trabajo ha consistido en dar dirección a todas esas piezas: decidir qué debía experimentar el visitante, construirlo, probarlo en las gafas y corregir lo que todavía no funcionaba como esperaba. Las pruebas en el museo han sido esenciales para ajustar el desarrollo a su lugar de uso.

Una instalación en Montreal que puede actualizarse desde España

La aplicación está preparada para ofrecer las experiencias sin depender de una conexión permanente a internet. Esto permite que los contenidos estén disponibles en las propias gafas durante la visita.

Además, existe la posibilidad de distribuir actualizaciones desde España cuando los dispositivos estén conectados. Esa capacidad permite incorporar mejoras y nuevas versiones sin desplazarse a Montreal para cada cambio.

La autonomía de uso y la posibilidad de actualización remota son dos aspectos importantes de un proyecto que debe funcionar más allá de su presentación inicial.

La mejor prueba: ver al público disfrutar

Los 193 asistentes corresponden al conjunto del evento; no llevamos un recuento exacto de las personas que utilizaron las gafas. Lo que sí pude observar fueron visitantes que comprendían la bienvenida, seleccionaban una experiencia y continuaban explorando con autonomía.

Verlos moverse por el museo, descubrir detalles y comentar lo que estaban viendo ha sido una de las partes más satisfactorias de todo el proceso.

Este desarrollo, realizado en el marco de la exposición impulsada por la Fundación ENAIRE para el museo de la Organización de Aviación Civil Internacional, conecta patrimonio, creación digital y nuevas formas de visitar una exposición. Para mí también representa un recorrido muy especial: un trabajo desarrollado desde la Sierra de Gredos que hoy puede descubrir público de todo el mundo en Montreal.

Me quedo con esas personas que se acercan a una escafandra, levantan la cabeza ante un cohete o se asoman a una panorámica aérea. Con ese instante en el que empiezan a explorar por su cuenta y aparece la sorpresa.

Porque el arte y la cultura también tienen que ser divertidos.

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